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miércoles, 20 de julio de 2016

"Pleasant dreams": el disco más pop de Ramones cumple 35 años

A mediados de los 90, en el boletín bimensual de recomendaciones que enviaban desde la desaparecida tienda madrileña Discos Del Sur, Luis Lapuente empezó una reseña sobre un recopilatorio de los Ramones (ahora no recuerdo cuál) diciendo esta gran verdad (cito de memoria, no es textual): “Vamos a decirlo de una vez. Los Ramones son la mejor banda de Rock’n’Roll de la historia”. Creo que nunca he leído nada con lo que pueda estar más de acuerdo. No porque sean los mejores, lo cual es algo muy subjetivo, sino porque son los que mejor han sabido sintetizar la esencia y el significado del Rock’n’Roll: sencillez, contundencia, diversión, desenfado, gamberrismo y rebeldía. Todos esos condimentos, los han tenido a manos llenas y los derrocharon sin mesura en sus discos y canciones.
Para muchos, hoy en día, son una marca de camisetas (es triste decirlo, pero así es). Todo hay que decir que habrán vendido muchas más t-shirts que discos y que son legión los que lucen palmito sin saber quiénes fueron Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy o, como en este disco, Marky; o qué carajo de
canciones hacían. Pues en este “Pleasant dreams” hicieron canciones realmente memorables, algunas de las mejores de su extenso y celebrado repertorio. Porque, si bien es cierto que muchos no tienen ni idea qué significa eso de Ramones, también son legión los fans que los tienen en un altar y los consideran fundamentales en sus vidas. Para mí lo son desde que, con diez años, alguien le regaló a un amigo mío un ejemplar del “End of the century”, el celebrado álbum anterior y que les produjo un tal Phil Spector.
Para éste que nos traemos entre manos, la discográfica escogió al ex 10cc Graham Gouldman, en contra del criterio de la banda que prefería a Steve Lillywhite como productor. Venían algo escarmentados después de su tormentosa (pero de brillante resultado) experiencia con Spector. No fue el único conflicto. Johnny y Joey llegaron a un punto irreconciliable. Además de tener unas ideas políticas diametralmente opuestas (el larguirucho vocalista era demócrata, mientras su colega a las seis cuerdas estaba contento con la reciente llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca), Johnny le levantó la novia a su camarada. También tenían ideas distintas del rumbo musical, ya que Joey tenía una mayor querencia por el pop (lo cual se nota muchísimo en las canciones del álbum, sin duda el más puramente pop de su discografía) y el otro por sacarle un sonido más duro a su Mosrite. El resultado es que por primera vez no aparecen juntos en la portada del disco y se optó por un dibujo de cómic, con una silueta recortada en una puerta. También, por primera vez, las canciones dejan de ser firmadas por la colectividad Ramone y se lee quiénes fueron sus autores. En este caso, se repartieron siete para Joey y cinco para el bajista Dee Dee. El resultado lo apreciamos colocando la aguja en el surco.
Y nos encontramos con “We want the airwaves”, quizá el tema más oscuro de Joey en este disco, en tonos menores, pero con esa voz inconfundible resaltando en medio del marasmo de riffs de su colega y enemigo Johnny. Muy en la onda de canciones anteriores como “I’m affected”.
Sigue “All is quiet on eastern front”, composición del bueno de Dee Dee. A ritmo de twist, si las guitarras no tuvieran ese tono tan característico, podría haber aparecido en alguna película playera de Frankie Avalon y Annette Funicello. Divertida hasta decir basta, Joey y Dee Dee se llaman y responden a lo largo de todo el tema con el único afán de pasar un buen rato.
Y en esto llega “The KKK took my baby away” una de las obras cúlmenes del power pop. Cuenta la leyenda que hace referencia al asunto antes mencionado entre Joey, Johnny y la chica en discordia, aunque algunas fuentes aseguran que la canción estaba escrita antes del affair. La melodía es inmensa, los coros sencillos pero perfectos y el estribillo es lo mejor que uno pueda imaginar. No recuerdo las veces que la he coreado puño en alto. Grandiosa.
Pero si alguien pensaba que era mi favorita del disco, se equivoca. Ese honor (quizá dudoso) se lo merece “Don’t go”, probablemente, una de las cinco mejores canciones del mundo. Estaba claro que Joey con estas canciones demostraba ser un fanático del sonido de los Girl Groups (y de Phil Spector, claro). Otro estribillo grandioso y un puente que vale su peso en oro. Obra maestra, se mire por donde se mire.
Llega ahora otra de Dee Dee, “You sound like you’re sick”, canción típica del sonido Ramoniano, con ritmo movido que igual se puede bailar en pogo que twisteando. Y es que canciones así que solo buscan desenfreno, diversión y dejarse llevar por la confusión tienen la virtud de que igual les va un roto y descosido.
Cierra la cara A “It’s not my place”, de Joey, que empieza con un efecto de sonido con un teléfono y luego se sumerge en unos cambios de ritmo grandiosos influenciados por el sonido de lo que se ha denominado como frat rock. De hecho, esta canción por su espíritu podría haber sido tocada por esas bandas universitarias americanas de los años 60. Divertidísima, como todo lo que han hecho estos titanes.
Y al darle la vuelta nos encontramos con otra de las maravillas de este disco, “She’s a sensation”, otra de mis favoritas del repertorio ramoniano. Nos encontramos delante de una canción pop absolutamente redonda, con una melodía hermosísima y, atención, hasta dos subidas de tono a lo largo de la canción que motivan que el tema vaya ganando brillantez a medida que va avanzando. Lo dicho, una genialidad. Y, además, Joey canta tan acojonantemente bien, ¿verdad?
“7-11” es otro caramelito pop con una influencia clara del sonido de los grupos de chicas sesenteros. Con otra producción menos guitarrera y con voces femeninas, a nadie le extrañaría escucharla en el repertorio de grupos como las Angels o Reparata and the Del Rons.
“You didn’t mean anything to me” es de Dee Dee, y tiene un ritmo más movido. Es una canción también muy pop, aunque con ese tono oscuro que le imprimían a ratos los Ramones a sus composiciones. No carece, por supuesto, de esos dobles golpes de caja twisteros a cargo de Marky y es otro de esos imprescindibles desenfrenos de los que está plagado el repertorio del grupo.
Y empalma directamente con otra maravilla de Dee Dee, la muy sobresaliente “Come on now”, que sigue llamando desesperadamente a la fiesta, a bailar y a hacer palmas como si no fuera mañana. Atención al sencillo pero genial solo de guitarra de Johnny. Y es que una canción no necesita más que los ingredientes vitamínicos que tiene esta.
La última canción de Joey en el disco es “This business is killing me”, otra canción de reminiscencias sesenteras, en la que el larguirucho vocalista de los de Queens clama con las situaciones vitales que estaba viviendo por entonces. Claro que canalizar los problemas en canciones así de buenas, con esa melodía no está al alcance de cualquiera.
Y cierra otra joyita de Dee Dee, “Sittin in my room”, otro himno típicamente Ramoniano, de ritmo muy rocanrolero y, por supuesto, invitando a divertirse sin mesura. Y es que los Ramones así entendieron la música y la vida y así nos las mostraron. Probablemente, Lapuente tenía razón y, en efecto, son la mejor banda de Rock’n’Roll de la historia. Gabba, gabba hey!!!

                                                                                        (Fuente: elmurodelossonidos.blogspot.com.ar)


                                                                                    

miércoles, 16 de marzo de 2016

¡Adiós amigos!: 20 años del último show de Ramones en Argentina

Generalmente, cuando uno es joven, anda por la vida sin tener una real dimensión de las cosas. Quedará para otro momento la discusión de si esto es una gran bendición o una terrible falencia. Lo cierto es que en ese marco, tuve la suerte de presenciar el último recital que dieron los Ramones en Argentina. De más está decir que lo disfruté a pleno, no sólo porque el cuarteto neoyorquino fue uno de los primeros en ponerle música a mi adolescencia, sino porque con ellos debuté en esto de asistir a shows internacionales.
Sin embargo, aquel 16 de marzo de 1996 no era consciente de que estaba a punto de ver la despedida definitiva de los “Monchos” (en realidad, después hicieron un puñado de fechas más en territorio estadounidense) y que ya no grabarían más discos con la excusa de recorrer los escenarios del mundo. Así como no caía en la cuenta sobre semejante acontecimiento, la verdad es que tampoco estaba sufriendo las consecuencias de haber sido despedido repentinamente del trabajo el día anterior (el primero que tuve con todas las de la ley), sin tener en cuenta que uno de los que fue conmigo al show era mi ex jefe.
Al margen de estas cuestiones extra musicales, ese día viví un espectáculo inolvidable y lleno de muy buenos momentos. La primera banda en plantarse sobre el escenario de River fue Superuva, a la que le siguieron los ascendentes 2 Minutos y Attaque 77, que con las dos guitarras al frente recientemente afianzadas, dieron un show impresionante.
Aunque no estaba familiarizado con su repertorio, los alemanes Die Toten Hosen me compraron con su potencia, sobre todo Campino, quien incluso cantó trepado al techo del escenario. Para mí, uno de los picos altos fue cuando tocaron “Hier kommt Alex”, ese tema que tantas veces escuché versionado por UK Subs en el casete “Radio Olmos”.
Otro que me conquistó desde el primer momento fue Iggy Pop, quien desplegó un show salvaje y poderoso. Durante su set, la Iguana mechó canciones de su discografía solista (“Lust for life”, “Home” y “The passenger”, mis favoritas) con algunos clásicos de los inoxidables The Stooges, entre ellos “I wanna be your dog”, “Raw power” y “No fun”.
Finalmente, y ya cuando el campo de River era un mar de gente, se escuchó el famoso “uanchutrifor”, con el que los Ramones desataron su arrolladora energía. Sin gestos nostálgicos ni demagogia, el cuarteto aprovechó su hora y cuarto sobre el escenario para repasar por última vez (al menos en nuestro país) la incontable cantidad de clásicos que cosechó en poco más de dos décadas de trayectoria. Al margen de lo increíble que era escuchar a estos cuatro tipos sonar en vivo, fue emocionante ver a Marky atrincherado detrás de la batería, a CJ apuntalando a pleno con su bajo, a Johnny castigando su eterna Mosrite y al gran Joey aferrado al micrófono en el centro del escenario y dejando su voz en temazos como “Teenage lobotomy”, “Blitzkrieg bop”, “Pet sematary”, “I just want to have something to do”, “Pinhead, “Poison heart” y “I believe in miracles”, entre otros.
En fin, en ese momento tuve la certeza que había presenciado un show memorable. Pero con el paso del tiempo caí en la cuenta que la música había perdido a uno de sus grandes exponentes y, lo peor de todo, es que ninguna banda sería capaz de llenar ese vacío..

                                                                                                                                                    Fernando

martes, 8 de diciembre de 2015

A 11 años de su muerte: Dimebag Darrell en el recuerdo de los músicos que lo conocieron

* Lars Ulrich (Metallica): “En 1985 tuve la suerte de encontrar tanto a Darrell como a su hermano en un viaje que hicimos a Dallas. Nos hicimos amigos muy pronto, ellos eran los tipos más divertidos que habíamos encontrado después de entrecruzar los estados durante tres meses. Era el principio de una amistad que fue anclada en amor, respeto, diversión, escándalos, música, bebida, sudor, noches, mañanas tempranas, resacas, dolores de cabeza, tímpanos rotos, cuerpos doloridos... y la lista continúa”.
* Mark Morton (Lamb of God): “La música de Dimebag era una influencia enorme para mí y para Lamb of God. Como guitarrista era innovador y verdadero. Tenía un estilo único y sus riff son constantemente aclamados en casi cada grupo de metal, incluso en Lamb of God”.
* Marty Friedman: “Conocí a Darrell a partir de meses de gira juntos. Él era un grande de la guitarra, realmente mucho mejor que para tocar la clase de música que él tocaba. Aunque su imagen era la de un maníaco salvaje que se divierte, su habilidad siempre estuvo llena de clase y delicadeza”.
* Rob zombie: “Durante mucho tiempo, White zombie y Pantera salimos de gira juntos, así que yo tenía el placer de mirar a Darrell tocar con Pantera. Para aquellos que nunca lo vieron, él era sin una duda el guitarrista más dinámico en el planeta. Una leyenda”.
* Tony Iommi (Black Sabbath): “Dimebag era un tipo genuino realmente agradable y un gran guitarrista. Siempre era muy respetuoso conmigo y resultaba encantador tenerlo de viaje con nosotros”.
* Jonathan Davis (Korn): “En los años 80, francamente, yo estaba más en la música bailable y el new romantic. Pero el disco ‘Vulgar display of power’ abrió mis ojos totalmente a una clase más tradicional de metal. Esto me hizo decir, quiero estar en un grupo como Pantera. Me convertí en un admirador enorme de Pantera, sobre todo con lo que Darrell hizo. Él fue uno de los últimos grandes guitarristas del metal”.
* Mike Portnoy (The Winery Dogs): “Dimebag era un talento increíble. Él vivió cada día al máximo. De hecho, nunca pude entender como él podía funcionar así, con el modo en que se divirtió y vivió la vida”.
* Kirk Windstein (Crowbar): “Puedo decir francamente que con Dimebag pase algunos de los momentos más felices de mi vida. Realmente lo respeté como persona, y, por supuesto, como héroe de la guitarra. Me siento realmente afortunado de haber sido capaz de conocerlo personalmente, de viajar con Pantera, de sentarme allí con él y mirarlo hacer lo que muy pocos pueden hacer en una guitarra”.
* Corey Taylor (Slipknot): “Dimebag era la clase de tipo con el cual podes estar durante dos segundos y sentir que lo conocés de toda la vida”.
* Matt Heafy (Trivium): “Darrell era uno de los músicos más influyentes en nuestro tiempo. Era una leyenda que realmente hizo al mundo parecer mucho mejor. Él era un hombre que ayudó a inspirar a innumerables guitarristas, admiradores, y la gente en general, incluso a mí”.

jueves, 3 de diciembre de 2015

20 curiosidades de Ozzy Osbourne y su entorno

1. Ozzy, cuarto hijo del matrimonio de John y Lillian Osbourne, mostró un incipiente interés por participar en musicales escolares como el "H.M.S. Pinafore".
2. Cuando fue grabada por vez primera en 1972, “Changes” causó una amplia controversia entre los aficionados a la banda por ser una balada. Curiosamente, treinta años después, alcanzó el Nº1 en la lista de éxitos del Reino Unido gracias a la nueva versión grabada por Ozzy como un dueto con su hija Kelly.
3. La carrera de Ozzy en solitario estuvo a punto de comenzar cinco años antes de lo esperado. En 1978, Ozzy dejó temporalmente Black Sabbath para ensayar con tres miembros de Necromandus -olvidados precursores del doom británico- como la primera formación del “Blizzard of Ozz”.
4. Quién recomendó a Dio como reemplazo a Ozzy Osbourne no fue otro que Sharon Arden, hija del iracundo mánager de la Electric Light Orchestra, Don Arden, y más conocida como Sharon Osbourne.
5. Randy Rhoads fue reclutado gracias a la ayuda de la futura bajista de Slaughter, Dana Strum.
6. Randy Rhoads ni siquiera era fan de Black Sabbath. Casi toda su inspiración provenía de la escena del glam inglés, en especial, del fabuloso guitarrista Mick Ronson, por aquel entonces guitarrista de David Bowie.
7. Aunque no acreditado por ello, Don Airey escribió y tocó la introducción de teclado de “Mr. Crowley”.
8. Durante su primera gira por los Estados Unidos, Motörhead fueron los teloneros de Ozzy Osbourne. Pero cuando ambas bandas regresaron a Inglaterra, el cartel se invirtió, convirtiéndose Ozzy en el telonero de Lemmy y sus huestes.
9. ¿Alguna vez te preguntaste qué significaban las siglas de la enigmática “S.A.T.O.”? Nada, en realidad. Son una combinación de las iniciales de las dos mujeres más importantes en la vida de Ozzy en aquel entonces, su mánager Sharon Arden, y su esposa Thelma Osbourne.
10. Las misteriosas runas escritas en el folleto interior del vinilo original de “Diary of a Madman” rezaban simplemente The Ozzy Osbourne Band.
11. Por su parte, las runas de la contraportada del “Speak of the Devil”, entre otras cosas, escondían un emotivo mensaje: “Ése chico era mi salvavidas, ¿sabes? Era un músico dinámico, pero preferiría no hablar de ello porque es un sentimiento que me consume todos los días de mi vida. Descansa en paz Randy Rhoads”.
12. Ozzy y Madonna coincidieron en una ocasión, contribuyendo con sus voces en la canción “Shake Your Head (Let's Go to Bed)” por la banda Was (Not Was).
13. El misterioso mensaje subliminal al inicio de “Bloodbath in Paradise” - Your mother sells whelks in Hull (Tu madre vende caracoles de mar en el infierno) - es una parodia de una célebre frase de “El Exorcista”.
 14. Ozzy contribuyó con su voz a la canción de Gary Moore, “Led Clones”. Ambos eran amigos desde mucho tiempo y estuvieron a punto de colaborar en numerosas ocasiones.
15. En 1994, Ozzy contrató a Steve Vai como su nuevo guitarrista. Aunque finalmente su colaboración se limitó a dos canciones: “Dyin' Day” en el disco de Vai “Fire Garden” y “My Little Man” en Ozzmosis.
16. Un año después, Ozzy reclutó a Joe Holmes cuando Zakk Wylde se pensó demasiado lo de unirse a Guns n Roses.
17. La primera colaboración entre Ozzy y Robert Trujillo, bajista actual de Metallica, no fue en “Down to Earth”, sino en la canción de Infectious Grooves de 1991, “'Therapy?'”.
18. Gus G, actual guitarrista de Ozzy, nació en Grecia bajo el nombre de Kostas Karamitroudis (Κωνσταντίνος Καραμητρούδης).
19. En 2010, casi 40 años después de que Rick Wakeman tocase en “Sabbath Bloody Sabbath”, su hijo Adam comenzó a trabajar con Ozzy en “Scream”.
20. El lapso de 43 años que separó las dos apariciones de Black Sabbath en el Top de las listas del Reino Unido - "Paranoid" en 1970 y "13" en 2013 - rompió el récord anterior de Bob Dylan de 39 años.

                                                                                                         (Fuente: UltimateClassicRock.com)

miércoles, 7 de octubre de 2015

A 29 años del “Reign in blood”, el apocalipsis sonoro sigue siendo el mismo

1986 fue un año en que el thrash estaba rindiendo sus mejores frutos. Si echamos un vistazo en retrospectiva recordemos que fue el año en que Metallica lanza una de sus grandes obras maestras como “Master of puppets” y un año antes Exodus sorprendió al mundo con el devastador “Bonded by blood”, un álbum que a estas alturas es considerado como el extracto puro de lo que este género representó a mediados de los ochenta.
Y si bien Slayer ya había dado un gran golpe de cátedra en el estilo con su álbum de 1985 “Hell awaits” o con el EP de 1984 “Haunting the chapel”, fue el clásico “Reign in Blood” (editado hace exactamente 29 años) el que los consolidó como uno de los principales referentes del movimiento, haciendo un álbum de thrash verdaderamente impactante, de un linaje agresivo, directo, nutrido de una oscuridad realmente siniestra en sus letras y que logró que no pasara mucho tiempo desde su lanzamiento para que causara el delirio de las hordas de fans del metal que cayeron rendidos a sus pies.
“Reign in blood” estuvo marcado por una de las sociedades que más han perdurado en el género entre banda y productor, pues es el -ya a esta altura- reconocido y exitoso productor Rick Rubin sería quien los reclutaría en su sello que llevaba poco de haberse fundado: hablamos de Def Jam Records, sello insigne de los ’90’s no sólo para Slayer, sino que para muchas bandas del circuito del rock y el metal durante esa década.
El disco, claramente nutrido de una lírica oscura, tachada de satánica por muchos sectores, no sólo iba a ser controvertido por esas temáticas que eran parte del concepto de Slayer, y que bien habían sido patentadas en “Hell awaits”, sino que también en esta oportunidad Slayer puso en el tapete el tema del holocausto, principalmente en esa inconmensurable muestra de riffs y poder de la apertura: “Angel of death”, el tema que más que nada daba a conocer acerca del “carnicero” alemán Josef
Mengele y sus abominables prácticas con los experimentos con los cuerpos de los niños judíos en los campos de concentración de Auschwitz en la época de la Segunda Guerra Mundial, tema que a través de los años Slayer ha tenido que defender justamente replicando aquello: contar la historia de uno de los personajes más siniestros de la historia, sin adularlo ni celebrar sus acciones. Por lo demás, las temáticas que han caracterizado a Slayer de alguna forma sopesarían lo que todo el mundo puso en tela de juicio en algún momento, acá había canciones que daban cuenta de la violencia, los asesinatos en serie, o el cuestionamiento de las religiones entre muchos otros tópicos, sin ser absolutamente necesario recurrir a la adoración del diablo en sus letras directamente. Slayer se confrontaba a sí mismo con las críticas de sectores religiosos pero también tuvo fundamentos en donde apoyarse para demostrar lo contrario.
La mano de Rick Rubin fue de vital importancia, el sonido un poco sucio de sus anteriores placas quedó de lado en pos de una absoluta recarga de poder, en que de algunas forma sonaban más limpios, lo cual no quitaba lo incendiario y devastador del álbum, fue una nueva etapa en que Slayer gracias al trabajo de Rubin estaba redefiniendo su propio estilo, desmarcándose de la media sónica de aquellos años y solventando un sonido que los vería llegar al trono de honor de las bandas del género.
Las canciones hablan por sí solas, dejando fuera la atropelladora “Angel of death”, aparecieron temas que ya son piezas clásicas de la banda de este vital registro hecho por estos cuatro músicos infernales: “Piece by piece”, “Criminally insane” o “Necrophobic”, donde la rapidez en la ejecución y la perfecta sincronización entre la demoledora impronta en la batería de un sólido Dave Lombardo conjugado con los más asesinos riffs sin tregua de Kerry King y Jeff Hanneman, aunarían todo este ambiente incendiario y brutal, como pocos vistos hasta la fecha.
Los riffs de canciones como “Postmortem” o “Raining blood” de alguna forma fueron más elaborados que lo hecho hasta la fecha, pero empataban con el concepto del álbum de forma perfecta, es un disco donde no sobra ni falta nada, si bien hay canciones que fueron sobresalientes, no hay ninguna que se quede corta.
Fueron canciones de tiempos cortos, directas, en su poca duración cada una entregaba mucho. Había tiempo para brutales marchas, la inclusión de esos oscurísimos solos de guitarra pareciesen que
viniesen del mismísimo infierno. Slayer en un poco más de 30 minutos dejaba las cosas claras y, dicho sea de paso, se matriculó con una de las obras más influyentes del estilo. El propio Kerry King ha dejado claro que es una obra que se separa un poco del resto de la discografía de Slayer y que volver a repetir algo parecido es prácticamente imposible.
Es la vulgar demostración de poder de Slayer, no es para nada raro que le hayan dedicado años más tarde un DVD completo llamado “Still reigning” (2004), donde tocaron el álbum en su integridad y también no es raro que muchas canciones de su repertorio actual en sus actuaciones en directo sean de este álbum. Una obra maestra del thrash en su néctar más puritano, que desata la más bestial de las furias y que sigue siendo un referente para las nuevas generaciones del metal.

                                                                                                                (Fuente: www.nacionrock.com)

jueves, 3 de septiembre de 2015

A 31 años de su lanzamiento, el disco "Powerslave" de Iron Maiden continúa haciendo historia

Editado el 3 de septiembre de 1984, "Powerslave" es el quinto trabajo discográfico de Iron Maiden. Fue presentado a través del denominado "The world slavery tour", una gira que se prolongó durante 11 meses (entre 1984 y 1985) y abarcó 28 países. En total, fueron 187 conciertos en 331 días.. De ese itinerario salió otro gran clásico de la Doncella: el álbum en vivo "Live after death".
* "Powerslave" fue el primer álbum de Iron Maiden grabado con la misma formación de su anterior disco (Bruce Dickinson, Dave Murray, Adrian Smith, Steve Harris y Nicko McBrain).
* Esta obra fue grabada por los miembros del grupo a raíz de unas vacaciones que pasaron en Egipto, ya que quedaron impresionados por la majestuosidad de las pirámides. La primera canción que apareció con esta temática fue "Revelations" (del álbum anterior, "Piece of mind"), que se considera una precuela de "Powerslave".  * El tema que abre el disco es "Aces high", inspirado en la famosa "Battle of Britain", la primera batalla luchada únicamente en el aire.
* "Flash of the blade" se utilizó en la banda sonora del filme "Phenomena" (1985), del
reconocido director de películas de terror Dario Argento.
* "The duellist" se inspiró en la película del mismo título de 1978 de Ridley Scott . Esta, a su vez,
se basó en la novela de 1908 de Joseph Conrad, "The duel".
* "Back in the village" está basada en la serie de televisión de culto de 1960 "The prisoner", al
igual que la canción "The prisoner", del disco "The number of the beast".






jueves, 27 de agosto de 2015

Pearl Jam: el grunge aún patea

Suenan los potentes acordes de "Alive". 16.000 personas corean el intenso estribillo de Pearl Jam, la última banda en despuntar entre el rock enérgico y oscuro que bombea en Seattle. La atención está puesta en su cantante, Eddie Vedder. Éste trepa por un lado del escenario sobre un amasijo de hierros. Desde ahí mira desafiante a su público. Y desde un costado, contemplan atónitos la escena miembros de Red Hot Chili Peppers y Nirvana, compañeros de cartel esa noche. El melenudo y desencajado vocalista se balancea como un jamón desde las alturas de este recinto.
Es la Nochebuena de 1991 y estamos en San Francisco, en el local Cow Palace. Esa misma semana "Nevermind", el disco generacional de Nirvana, ha arrebatado el puesto número uno a Michael Jackson y su "Dangerous" en la lista con los álbumes más vendidos en EE.UU. El debut de Pearl Jam, "Ten", ha entrado en la posición 32 en este ránking. Es un puesto muy discreto comparado con el de Cobain y los suyos. Pero durante los siguientes meses subirán con decisión hacia la cima y acabarán poniéndose por encima del de Nirvana. Pero a eso llegaremos más adelante.
“Dejé de hacer aquello (trepar por el escenario) porque no iba a aguantar más de cuatro conciertos así. Mi cuerpo hubiese acabado siendo un tórax con una cabeza”, explicó Eddie Vedder, a mediados de los 90 a Rolling Stone. Como quien descubre que es un súper héroe, en aquellas primeras actuaciones el fibroso vocalista aún andaba acotando sus dotes como imbatible líder (no ha perdido un ápice de energía desde entonces, como muestra el documental "Pearl Jam Twenty", un repaso de sus 20 años de carrera dirigido por Cameron Crowe).
Todo arrancó muy rápido para Pearl Jam. Poco más de un año antes de colgar por encima de 16.000 almas, Vedder trabajaba en una gasolinera en San Diego (en el sur de California), pasaba sus ratos libres haciendo surf y cantando con su banda de rock con ramalazos funk. Un tipo normal e incluso tímido, como le describen sus amigos de entonces. Pero a unos 2.000 kilómetros al norte se estaba labrando su futuro. Sin que Vedder supiera nada de ello, claro.
En el noroeste de Estados Unidos, en la lluviosa Seattle, el guitarrista Stone Gossard andaba pensando en su porvenir aquel verano de 1990. La sensación de haber perdido un tren con su anterior grupo rondaba su cabeza. Mother Love Bone, la banda que parecía tener todo para alcanzar el éxito, había desaparecido de forma abrupta. Su cantante, Adrew Wood, murió de sobredosis de heroína, a los 24 años, justo cuando el grupo iba a sacar su primer álbum (el póstumo "Apple", publicado el verano de 1990). Stone se juntó entonces para tocar con Mike McCready, un amigo que también le daba a la guitarra en Temple of the Dog (otro célebre nombre de esta ciudad, un proyecto efímero con Chris Cornell de Soundgarden). Los dos quedaban en el ático de la casa de los padres de Stone e improvisaban durante horas. La mecha prendió cuando apareció otro viejo colega, Jeff Ament, compañero de Stone en su anterior banda y en Green River, otra formación clave en el grunge. “Tocamos 'Dollar short' (tema de Mother Love Bone, que  nunca llegó a editarse) e inmediatamente nos dimos cuenta de que teníamos una buena banda entre manos”, revelaría después Gossard.
El otoño de 1990, Eddie Vedder se desplazó de California a Seattle para sumarse al grupo como cantante. Y en la primavera del año siguiente, la banda entró en el estudio London Bridge para grabar su primer disco (el mismo espacio en el que Soundgarden registró "Louder than love", de 1989, o en el que Alice in Chains inmortalizó su trabajo "Facelift", de 1990). En total fueron tres semanas de grabación. “Era muy ansioso y controlador entonces, quería que todas las canciones sonasen perfectas. Repetíamos un tema hasta 30 veces hasta dar con la toma adecuada”, recuerda hoy Gossard de aquellas sesiones. "Ten" se desmarca de gran parte de  otras obras emblemáticas del grunge: su sonido pulido tiene más del rock clásico setentero (The Who, Led Zeppelin), que del punk rock americano que tanto marcó a otros músicos de su entorno.
El 27 de agosto de 1991 "Ten" llegó a las tiendas. Al principio, no despertó grandes halagos. “Estrujan mucho dramatismo en unos pocos acordes potentes que nadan en un mar de eco”, dice la poco entusiasta reseña del disco en Rolling Stone, en octubre ese año. Un mes después, la banda salió a la ruta para presentarlo. Fue entonces cuando comenzó la metamorfosis de Vedder: resultó que el recién llegado no era tan tímido. “Se convirtió en un animal y empezó a perder la cabeza. Se dejaba llevar por las partes más caóticas de las canciones, mientras descubría sus posibilidades cómo cantante”, recuerda Stone. Vedder crecía y el público de Pearl Jam también.
En la primavera de 1992 las ventas de este debut comenzaron a ascender poco a poco, de forma constante. No llegó a conquistar la cima de los álbumes más vendidos de EE.UU (su posición más alta fue la segunda) pero dos años después de su publicación consiguió lo que en aquel lejano concierto de Nochebuena parecía imposible: sobrepasar entonces las ventas acumuladas de "Nevermind", de Nirvana. “Si se sigue hablando bien de él supongo que algo debimos hacer bien”, reflexiona Gossard ahora.
"Ten" fue el pasaporte de Pearl Jam a la primera división del grunge y el primer paso en una sólida carrera de más de 2 décadas.

(Nota publicada en la Rolling Stone, en noviembre de 2011)

Datos curiosos 

* "Ten" debe su nombre al número que lucía en su camiseta Mookie Blaylock, un jugador de la NBA cuyo nombre llegó a utilizar el grupo en alguna de sus primeras apariciones antes de denominarse Pearl Jam.
* "Alive'' fue el primer single lanzado por la banda en 1991, y uno de los tantos clásicos de Pearl Jam. Se trata de una canción que relata el nacimiento de un asesino. Vedder contó que la canción es la primera parte de una trilogía (bautizada ''The mamasan trilogy''), que se completaba con ''Once'' (primer tema de ''Ten'') y ''Footsteps" (lado B del single ''Even flow''). ''Alive'' cuenta cómo el protagonista se entera como su padre murió, en ''Once'' el traumado muchacho se convierte en asesino y en ''Footsteps'' lo terminan atrapando y ejecutando.
* ''Jeremy''es el tema más exitoso a nivel comercial de la banda y es el hit más oscuro de las ultimas décadas del mundo del rock, ya que trata sobre el suicidio de un adolescente. En efecto, la historia que inspiró la canción ocurrió en enero de 1991 en una secundaria en Texas. En plena clase, el estudiante Wade Delle sacó un arma y se voló la cabeza frente a sus compañeros y profesor. A propósito de estas decisiones trágicas, Eddie Vedder declaró que la muerte no resuelve nada y solo cambia la vida de aquellos que siguen viviendo, quienes sufren con la muerte de la otra persona.


martes, 25 de agosto de 2015

"...And justice for all", una obra de oscura complejidad

Hoy se cumplen 27 años de la edición de “…And justice for all”, uno de los tantos clásicos que Metallica cosechó a lo largo de su carrera. Y a esta altura, decir (o escribir) algo novedoso sobre esta obra es prácticamente imposible, aunque bien vale la pena subrayar algunos aspectos que la ubican entre los discos esenciales de la música pesada.
Son nueve las canciones que dan vida a este álbum, tal vez el más ambicioso y complejo que Metallica grabó en sus casi 35 años de trayectoria. Las letras, de corte oscuro y pesimista, están marcadas a fuego por la crítica social y política. Los tópicos abordados por James Hetfield van desde la corrupción en el sistema judicial (“…And justice for all”), a la persecución (“The shortest straw”) y la falta de libertad de expresión (“Eye of the beholder”), pasando por los males irreversibles que generan las guerras (“One”).
“…And justice for all”, fue el primer disco que grabó el bajista Jason Newsted (ex Flotsam and Jetsam) junto a Metallica, quien sustituyó a Cliff Burton tras su muerte en 1986. Sin embargo, su aporte en esta obra pasó desapercibida, ya que su labor con el bajo es casi inaudible (luego se supo que los responsables de esto fueron Hetfield y Ulrich).
Entre las canciones incluidas en el álbum sobresale “To live is to die”, un extenso instrumental de casi 10 minutos, que representa un homenaje póstumo de la banda hacia el desaparecido Cliff Burton. Y justamente, el texto que se recita sobre el final, fue escrito por el fallecido bajista y significa su último aporte a la discografía de Metallica.
También merece un párrafo aparte “One”, uno de los grandes clásicos firmados por la banda de San Francisco. La canción –un título que nunca falta dentro del repertorio del cuarteto– representa un brutal alegato antibelicista y está basada en la novela “Johnny got his gun”, del escritor estadounidense Dalton Trumbo. De la mano de esta pieza, el grupo rodó su primer videoclip, que debutó en la pantalla de MTV el 20 de enero de 1989.
Por último, cabe destacar que con la canción “One”, Metallica ganó su primer premio Grammy, en la categoría Mejor Interpretación Metal.
Aunque muy lejos del tremendo éxito que alcanzarían unos años después con la edición del mundialmente conocido “álbum negro”, lo cierto es que con “…And justice for all”, Metallica pisaba más fuerte que nunca y empezaba a consolidarse como la banda más importante de la escena pesada.

Fernando



sábado, 22 de agosto de 2015

Layne Staley, en sus propias palabras

"Empecé cuando tenía 12 años tocando la batería. Un amigo de mi padre tenía una, y siempre que iba a su casa me sentía atraído por ella. He escuchado rock and roll desde que tengo uso de razón y he leído todas las revistas sobre el tema. Me parecía una vida glamorosa y quería ser parte de ella. Empecé a cantar cuando tenía 15 años. Había estado tocando la batería en una banda con unos amigos del instituto, y el cantante era terriblemente malo. Yo quise hacer los coros en una canción y me dijo: 'Tú tocas la batería, no puedes cantar'. Eso me tocó las narices y vendí la batería. De hecho, la cambié por un delay y un micro. En casa los enchufé a mi estéreo y empecé a cantar con cintas de Black Sabbath y lo que fuera.
Tengo dos hermanas, un hermano y mis padres. Ellos no eran demasiado musicales. Mi mamá lo era algo. Solía cantar. Yo diría que mi primera influencia fue Black Sabbath, luego Ozzy y después Ian Gillan de Deep Purple y Black Sabbath. El primer disco que escogí fue "Black Sabbath". Era de un álbum de mi madre o de mi padre. Lo elegí de su colección.
Cuando tenía 15 años estuve en una banda durante dos años. Éramos una banda de glam. Luego no pude permitirme comprar maquillaje. En esa época era lo que se llevaba. Acababa de salir Poison, y estaban saliendo muchas bandas como esa. Yo estaba algo metido en eso. Al principio empecé con unos cuantos amigos. Era una banda de glam que tocaba Slayer y Armored Saint, una especie de banda glam/thrash. Ahora la mayoría de bandas que escucho son de Seattle o bandas antiguas. Me gusta un montón de música distinta: Ministry, Lords of the New Church, Skinny Puppy.
En cuanto al panorama musical de Seattle, siempre ha habido grandes bandas, ya sea de metal o alternativas. Creo que el motivo de que así sea es que no están demasiado preocupadas por impresionar, realmente. Simplemente les gusta hacer música. No la hacen usando artilugios. En otros lugares, donde hay tantas bandas que compiten, a veces se ven obligados a usar artilugios para superar a otras bandas. No es como en Seattle. No hay tantas bandas como en Los Ángeles o New York. Es mucho más pequeño. Hay una gran diferencia. De Los Ángeles sale mucho pop, de New York sale mucho speed metal, y luego desde Seattle salen muchas cosas que hacemos.
Había muchas drogas. Solíamos pasar el tiempo con eso. Durante un par de años, todos probábamos lo que nos cayera en las manos. Creo que nos cansamos de vivir así. La muerte de Andrew Wood cambió las cosas, quizás, por unas semanas. Yo seguramente caí más en las drogas después de este suceso.
Una de las primeras bandas que salieron de Seattle fue Heart. Después de Heart, diría que fue Queensryche. Luego seguramente Soundgarden. Creo que Mother Love Bone fueron los que principalmente rompieron el hielo en este género. Durante un par de años formamos parte del panorama musical de Seattle. Hay tres lugares donde tocar, y cada grupo solía tocar en cada uno de ellos un par de veces al mes. Lo hicimos durante dos años, tocamos en esos bares una vez y otra y otra.
No había ningún tipo de rivalidad. Todos nosotros (Nirvana, Soundgarden, Mother Love Bone, etc.) íbamos a escuchar a las otras bandas e improvisábamos juntos. Era ese tipo de ambiente; nos ayudábamos. Todas las bandas iban a ver a las otras. Todos éramos amigos, así que realmente no era necesario ser rivales. Cada uno con su sonido y estilo propios, no hay razón para competir.
Creo que hemos tenido éxito porque la gente está empezando a aceptar este estilo de música. Muchas bandas rompieron el hielo  (Faith No More, Jane's Addiction). No es grunge, no es simplemente la típica banda 'con álbumes con ocho canciones rockeras y dos baladas'. Hay mucha experimentación, hacemos cosas distintas y no estamos preocupados por aferrarnos a un tema o a una forma de escribir. Me preocupa mucho más escribir y sacar buena música.
La verdad es que no me gusta hacer videos, pero supongo que actualmente hay que hacerlos. En realidad nos gusta el producto acabado, simplemente no nos gusta hacer los vídeos, eso de cantar la misma canción una vez y otra durante 24 horas resulta agotador. Es genial poder aportar nuestras ideas sobre cómo vemos la canción que saldrá reflejada en el vídeo y ver cómo se convierte en realidad. Eso es fantástico.
Hemos estado de gira promocionando 'Facelift' durante 17 meses. En este momento estamos exhaustos. Estamos todos muy cansados. La carretera es agotadora. No es lo que creí que sería. Bueno, de hecho, es lo que pensé que sería, pero simplemente no participo de ello de la forma en que lo hacía: las barbies, las cervezas gratis, las drogas gratis y todo eso. Eso está ahí todavía si lo quieres, pero yo ya no busco eso. Me concentro en cantar las canciones, y no hago mucho más que quedarme en la habitación del hotel.
Con 'Facelift', al principio imaginé que podíamos vender unos 100.000 álbumes. Ése era nuestro objetivo. Creímos que sería genial si eso ocurría. Quizás 200.000. Nunca creímos que se vendería tan bien como lo hizo.
Estamos a punto de grabar nuestro segundo álbum, y estamos buscando algún estudio en California. no en Los Ángeles. No me gusta esa ciudad. Demasiado decadente y falsa. De algún modo atraigo a gente que no quiero atraer (demonios de las drogas, gente siniestra) y eso me asusta. Estamos pensando en Sausalito.
Grabamos el álbum 'Sap' en dos días. Cuatro canciones, saldrá a la venta más o menos al mismo tiempo que estaremos yendo al estudio. Es material más ligero. De hecho hicimos este EP con temas acústicos suaves y lo llamamos 'Sap' por un sueño que tuvo Sean, nuestro baterista. Se despertó, nos contó lo que había soñado y nosotros dijimos que parecía una buena idea."

Layne Staley, artículo escrito para la revista Rip Magazine, 1991


jueves, 20 de agosto de 2015

Mi historia con Led Zeppelin.. o la batalla de la rockola

El cantante de Led Zeppelin, Robert Plant –que hoy está cumpliendo 67 años– fue uno de esos artistas que estuvo fuertemente vinculado a mi adolescencia. Además de todo el misticismo que rodeaba a la célebre banda británica, lo que captó mi atención era que su nombre aparecía como una gran influencia para otros vocalistas que en aquel tiempo también se iban incorporado a mi universo musical, como Steven Tyler, Freddie Mercury y Axl Rose.
A principios de la década del 90, la hoy tan corriente idea de acceder mediante una computadora a la música de tus grupos favoritos parecía salida de alguna novela de Isaac Asimov. Es por eso que la “formación musical” pasaba por el intercambio de bandas con amigos o conocidos, sumado a la información que uno podía absorber de las revistas y programas de radio especializados.
Sin embargo, mi relación con Led Zeppelin comenzó a consolidarse de una manera muy particular: a través de una imaginaria contienda musical entre integrantes de diferentes “tribus”. El campo de batalla: un amplio salón de pool ubicado a metros de la plaza de la ciudad, que se caracterizaba por tener una rockola con una buena variedad de discos, algo poco frecuente por cierto.
Allí acudíamos prácticamente todos los fines de semana con algunos compañeros del secundario, y la disputa en cuestión consistía en ver quién copaba la parada en la valiosa máquina de música. Estaban los que se inclinaban principalmente por el rock nacional (Los Redondos, Sumo, Memphis La Blusera y Soda Stereo a la cabeza), los que tiraban para el lado de la cumbia (Ricky Maravilla, Pocho La Pantera y Alcides figuraban entre sus favoritos) y nosotros, que cada sábado juntábamos las monedas para poder escuchar a todo volumen canciones de bandas como AC/DC, Metallica, Deep Purple, Ramones y Attaque 77, entre tantas otras.
Nuestra forma de sacarle ventaja a los demás era tan sencilla como efectiva: elegíamos los temas más largos, y de esa manera nos autoproclamábamos vencedores. Así, podían sonar “Wherever I may roam” de Metallica, “Thunderstruck” del disco “AC/DC Live”, “Ala delta” de Divididos, "Riders on the storm" de The Doors o la extensa “Coma” de Guns N’ Roses.
Y entre esos discos de la rockola que no fallaban a la hora de prolongar nuestro momento de disfrute en el pool sobresalía el cuarto álbum de Led Zeppelin: el del enigmático viejo en la tapa.
Y es que más allá de su duración, siempre resultaba fantástico dejarse llevar por joyitas como “When the levee breaks”, “The battle of evermore” o la hiperclásica y conocida por todos como “Escalera al cielo”.
Así comencé a explorar la diversidad musical que Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham desplegaron a lo largo de su discografía. Así arrancó mi historia con Led Zeppelin, una banda que resulta obligatoria para quienes disfrutan del buen rock.

Robert Plant en 5 canciones

1- “Communication breakdown” (“Led Zeppelin”, 1969)
2- “Babe I’m gonna leave you” (“Led Zeppelin”, 1969)
3- “Since I’ve been loving you” (Led Zeppelin III”, 1970)
4- “Stairway to heaven” (“Led Zeppelin IV”, 1971)
5- “Kashmir” (“Physical graffiti”, 1975)


                                                                                                                                                    Fernando


miércoles, 12 de agosto de 2015

La magia negra de Metallica cumple 24 años..

Son infinitos los recuerdos y sentimientos que afloran cuando pienso en el “álbum negro” de Metallica, un gran disco que, al cumplirse hoy 24 años de su lanzamiento, conserva  intacto su status de clásico. Se trata de una obra que bordea la perfección y que, más allá de consagrar al conjunto liderado por James Hetfield y Lars Ulrich, allanó el camino para muchas bandas de rock y metal del mundo, a la vez que resultó un claro ejemplo de cómo un grupo de música pesada podía conquistar un público masivo.
Aunque los programas de la Heavy Rock & Pop y la revista Madhouse me hicieron caer en la cuenta de la magnitud que tenía este álbum, fue recién cuando pude comprarme el casete (el reproductor de CD llegó un par de años después) que descubrí toda la magia que el “álbum negro” tenía para dar.
El impacto fue inmediato, y eso también lo percibí en algunos de mis compañeros de secundaria, que si bien no estaban del todo familiarizados con el metal, no pudieron resistirse al encanto de temazos como “Enter sandman”, “Sad but true”, “Holier than thou”, “My friend of misery” e incluso la balada “Nothing else matters”.
La fiebre Metallica se había expandido por el planeta y yo aprovechaba cada billete que podía ahorrar para completar la discografía (o más bien casetografía jajaj) y comprarme cuanto libro o revista salga con ellos en tapa. El TDK con el primer show en Argentina (7 de mayo de 1993) grabado de la radio me acompañó durante un largo tiempo, hasta que recién el 21 de enero de 2010 saldé la deuda de verlos en vivo.
Hoy, mi universo musical es mucho más amplio que hace 24 años, y aunque Metallica ya no sea una banda que escuche con demasiada frecuencia, admito que cada vez que me topo con alguna de las canciones del “álbum negro”, algo en mi interior se estremece. Al fin y al cabo, nada más importa!

Fernando



                                          




martes, 11 de agosto de 2015

La historia detrás de la tapa del álbum "Dirt" de Alice in Chains

La creencia popular dice que en la portada del álbum "Dirt" de Alice in Chains aparece la novia de Layne Staley, Demri Lara Parrot... pero eso es falso. Si nos vamos a los créditos del disco, aparece que la fotografía estuvo a cargo de Rocky Schenck, quien también estuvo a cargo de la fotografía otros discos: "Facelift", "Sap" y "Black Gives Way To Blue, y es el mismo director de los videos de Alice in Chains "We Die Young", "Them Bones", "What The Hell Have I" y "Grind", y del video clip de "My Song" de Jerry Cantrell. En una publicación de la revista Revolver, señaló que quería darle una atmósfera sagrada-pecaminosa. Además, señaló que la banda tenía algo muy perturbador en mente: "fue su idea la de poner una mujer desnuda, media enterrada en el desierto... ella podría estar viva o muerta". Schenck escogió crear un "desierto" en su estudio en Hollywood, donde pudo controlar la luz. Él pintó el cielo de fondo, construyó montañas en miniaturas y el suelo desértico con barro y arcilla, y dejó un agujero con forma humana para que la mujer se introdujera en él.
La mujer que aparece en la portada del "Dirt" se llama Mariah O'Brien, modelo que Schenck antes había fotografiado para la carátula del single "Bitch School" de Spinal Tap.
Ella cuenta que fue difícil hacer ese trabajo, pues tuvo que aguantarse las ganas de orinar por casi 8 horas... y que le dijeron que podía hacer ahí. "No me voy a orinar en el suelo" señaló. Cuando Schenck dijo que ya podía pararse, se puso de pie y corrió al baño.
Mariah O'Brien es también actriz, que ha aparecido en películas como "Halloween: The Curse of Michael Myers", "Being John Malkovic", "Some Girl", "Pussykat", entre otras, y en series de TV como "Buffy The Vampire Slayer" y "Charmed".
Layne Staley señaló que está portada tiene relación con la canción "Dirt", que le da el nombre al disco: "Esta portada… Me gusta llamarla "venganza". La canción 'Dirt' fue escrita para cierta persona que básicamente me enterró, así que la mujer en la portada es como el retrato de esa persona siendo tragada por la tierra [ríe] en vez de mi. La foto es la viva imagen de ella y eso ni siquiera fue planeado. En realidad, me enojé mucho cuando la vi y ella tampoco debió haber estado muy contenta al respecto [ríe]. Fue muy espeluznante".
(Fuente aliceinchainschile.blogspot.com.ar).